Nada en el escenario está puesto por decoración. Todo es un altar.
Los cristales que llevo a cada concierto son amplificadores y ancladores. Son tecnología de la Tierra.
El cuarzo cristalino amplifica mi voz y tu intención. La amatista transmuta y protege el campo del recinto. El cuarzo rosa abre el corazón colectivo para que el mensaje entre sin resistencia.
Ellos sostienen la frecuencia para que no se caiga. Crean una cúpula energética, un portal seguro donde tu sistema nervioso puede por fin relajarse y recibir. Son los músicos silenciosos del concierto.